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Feminismo en el corazón de España

La Asamblea Feminista de Aranda nace de la necesidad de una ciudad asolada por lo que aún se conoce como el Caso Arandina, que es “el nombre que recibe la causa abierta contra tres hombres blancos jóvenes y heterosexuales por parte de la familia de una menor, que no alcanzaba los dieciséis años cuando ellos la violaron. Sucedió en el piso que los tres compartían, el día 24 de noviembre de 2017, en Aranda de Duero. Recibe este nombre porque ellos eran jugadores en el equipo local, el Arandina CF”. 

Cuando una ciudad es abatida por un caso como este siempre surgen bandos, personas que se posicionan a favor o en contra. Es entonces cuando las más de veinte mujeres que conformaron la primera reunión de la Asamblea Feminista de Aranda ven la necesidad de aunar sus fuerzas contra un sistema que, cada día, nos muestra su peor versión.

En Aranda de Duero, el Caso Arandina marcó un antes y un después, muchas personas incluían el debate de la situación vivida por la menor en sus conversaciones diarias, pero no debemos olvidar que el código penal está amparado por las diferentes instituciones públicas y en la ciudad burgalesa “el Ayuntamiento que se mantuvo completamente al margen. Mientras no dejábamos de aparecer en los telediarios y otros programas televisivos. Esto fue un detonante para la radicalización de las posturas entre el vecindario, pues la neutralidad no existe y ese silencio institucional daba más crédito a lo que veíamos por la tele, creándose un enorme caso mediático que nunca defendía a la víctima y que nos situó en el punto de mira durante semanas. Que sólo se hiciera visible en redes sociales la dicotomía que se había generado nos entristecía y avergonzaba a partes iguales.”

Durante los últimos meses, aprovechando el estado de alarma y el confinamiento social de la ciudadanía española el Caso Arandina ha dado un giro: “se encuentra a la espera de recurso y fallo por instancia judicial superior tras la controversia entre el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (en adelante, TSJCyL) y la Audiencia Provincial de Burgos. El TSJCyL falló en contra de la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Burgos, dictaminando que fue abuso y no agresión”.

Este caso, que se planteaba como una sentencia ejemplar frente a otros similares ha tornado peor de lo que se esperaba, y en palabras de la AFA “esperamos que no deje a las mujeres de este país en un desamparo jurisprudencial pues sentará precedente para futuros casos de violaciones y agresiones machistas”.

Además, que el caso estuviera relacionado con el fútbol, un deporte mediático y muy querido por la sociedad española, hacía un flaco favor ante la situación generada. Muchas personas defendían a los imputados al verlos como ídolos locales en lugar de empatizar con una menor que acababa de ser agredida por tres hombres adultos. Algunos familiares y amigas/os de los jugadores iniciaron una serie de manifestaciones en las plazas de los pueblos y/o ciudades natales de los mismos, lo que causó aún más dolor para la víctima y su familia y para todas aquellas personas que apoyaron su causa. Es por ello que el 21 de diciembre de 2019 la AFA organiza una concentración en la Plaza del Trigo. Allí consiguen demostrar que el movimiento feminista está vivo, atrayendo a diferentes colectivos que se desplazaron desde diferentes lugares del territorio español: “Lo recordamos con muchísimo amor y como el acto de mayor sororidad al que hemos podido asistir. Nosotras estábamos llenas de nervios y de miedos. Recibimos un gran apoyo por redes sociales, por e-mail y, desde luego, de manera presencial (…) Por primera vez nos sentimos acompañadas respecto al Caso Arandina y desde aquí volvemos a agradecer a todas y cada una de las personas que vinieron tanto como colectivo como a nivel individual”.

Este encuentro fue algo fructífero ya que no solo sirvió para demostrar el calor del movimiento sino como inicio de una red multidireccional desde donde se intentan generar proyectos conjuntos y donde hay una conversación fluida en busca de acuerdos entre diferentes entidades feministas.

El apoyo del ayuntamiento de Aranda de Duero sigue siendo escaso, tal es así que el pasado 8M preparó una serie de actividades que estaban lejos de cumplir con las expectativas y/o necesidades de las mujeres arandinas. Aunque desde la AFA sí destacan la implicación de la Concejalía de Acción Social, Mujer e Igualdad de Oportunidades quien les ha dado apoyo y la oportunidad de realizar un Punto Lila en las fiestas patronales.

La AFA se compone de muchas mujeres para quienes el despertar feminista no guarda una relación directa con el incendiario Caso Arandina: “La mayoría de nosotras coincidimos en que los comentarios de nuestra familia, especialmente nuestras/os abuelas/os, comenzaron a resquemarnos desde pequeñitas.” Es un hecho que los estereotipos de género se nos imponen incluso antes de nacer. No solo nuestra familia, sino también las personas allegadas modifican su tono al hablar, sus palabras e incluso los regalos prenatales en función de nuestro sexo biológico. Este afán por perpetuar las normas de socialización ajustadas a nuestro sexo ha perseguido durante siglos a las mujeres, convirtiéndolas en seres sumisos. Incluso ha supuesto una condena a muerte para algunas como Olympe de Gouges.

Como todo colectivo, las características de sus componentes son muy diversas: “somos desde profesoras y educadoras sociales hasta hosteleras pasando por licenciadas en política o en filosofía. También trabajadoras sociales, electricistas, técnicas de laboratorio, ilustradoras, opositoras, …”. Cada una es diferente en edad, en formación e incluso en ideología, pero todas juntas forman una red donde se asienta el conocimiento, la buena praxis y, sobre todo, la lucha por un mundo feminista.

Aranda de Duero es una pequeña ciudad de Burgos, situada en el interior de España. Esta referencia geográfica no hace sino situarnos ante una problemática social: la despoblación. La falta de referentes juveniles y la abundancia de patrones de socialización clásicos crean una idiosincrasia particular: “la ralentización del progreso debido al menor flujo de personas externas a la zona en la que vivimos, que llega a estancar el avance en todos los sentidos: político, artístico, … Si ya de por sí no tenemos una base profesional potente, las mujeres nos encontramos con más desigualdad aún en nuestro entorno laboral. Por otro lado, somos mujeres cuidadas y educadas por otras mujeres que tienen la Guerra Civil y la Posguerra grabada en la sangre. Hemos sido educadas desde el miedo y la culpa, tenemos en el ADN que todo lo que no sea trabajo o familia no nos incumbe”.

Salir de la zona de confort no es fácil para nadie, pero ellas lo han hecho, han crecido personal y profesionalmente, y han tenido que luchar con la desigualdad de género más allá de sus hogares y familias: “Por ejemplo, en el medio docente el alumnado tiene un respeto a los profesores varones desde el minuto cero, mientras que nosotras, las profesoras, nos lo tenemos que ganar día a día (…). Otro ejemplo sería el de estar detrás de la barra de un bar: por una parte, hay jefes que no toman en serio a sus empleadas. Por otra parte, los clientes también toman en serio más a nuestros compañeros que a nosotras mismas, independientemente de la aptitud y del tiempo que llevemos en el oficio. Y finalmente, la clientela, en los más jóvenes se intuye la cosificación hacia el cuerpo de la mujer, especialmente en las discotecas. Los más mayores se toman libertades como pedir por su acompañante sin preguntar, llegando a discutir a la hora de pedir su consumición”.

Entendemos además la complejidad de criarse en un mundo donde los valores que nos inculcan son de carácter machista, por eso, desde la Asamblea Feminista de Aranda nos dan este consejo para que las nuevas generaciones sean más fuertes en materia de igualdad y luche por un futuro mejor: “Empieza por ti misma/o. Escucha, piensa las cosas más de una vez y trata de ver la realidad desde varios puntos de vista. No tengas prisa. Un truco que usamos muchas de nosotras para saber si algo es machista, es cambiar de género al sujeto en cuestión. Si lo que nos parece algo extraño deja de serlo, estamos ante un juicio machista”.

Aridane Cuevas